A lo largo de la historia, la música y la cultura han sido poderosas herramientas para expresar ideas, emociones y cambios sociales. Sin embargo, también han sido espacios de discriminación y desigualdad para la mujer cuya labor en este ámbito ha sido olvidada o invisibilizada por prejuicios de género.
Durante siglos, la música profesional se consideraba inapropiada para las mujeres y la participación femenina en esta disciplina estaba restringida al ámbito doméstico. Pese a ello, ya en la edad media encontramos figuras como la de Hildegard von Bingen que en el siglo XII destacó como compositora de música sacra.
En el siglo XVI Maddalena Casulana se convirtió en la primera mujer compositora en la historia de la música occidental en tener un volumen entero exclusivo de su música publicada. Más adelante destaca la figura de Francesca Caccini conocida como la Cecchina, cuya labor como compositora, cantante, laudista y profesora de música sobresalió a comienzos del Barroco convirtiéndose en una de las pocas compositoras del siglo XVII cuyas obras fueron publicadas.
Durante el siglo XVIII fueron varias las mujeres que destacaron en la composición desafiando las limitaciones sociales de una sociedad predominantemente masculina. Mujeres como Maria Anna Mozart (hermana de Wolfgang Amadeus Mozart) o Fanny Mendelssohn (hermana de Felix Mendelssohn) en el XIX, que pese a su talento y a su imborrable contribución a la evolución de la música clásica, fueron relegadas por sus propias familias a las sombras de sus hermanos.
Tampoco mejoró mucho la situación de las mujeres durante el siglo XIX, donde, pese a contar ya con acceso a los conservatorios y otras instituciones de formación musical profesional, seguían siendo excluidas de las esferas públicas y de la composición orquestal. Pese a ello, compositoras como Clara Schumann, Amy Beach, Fanny Mendelssohn, Josephine Lang, Johanna Klinkel o la francesa Louise Farrenc, una de las pocas compositoras de obras sinfónicas, lograron cierto reconocimiento, no sin tener que enfrentarse a grandes obstáculos para que sus trabajos fueran publicados, interpretados o reconocidos.
A medida que avanzaron los movimientos por los derechos de las mujeres durante el siglo XX, las oportunidades para las compositoras e intérpretes comenzaron a expandirse y, en la actualidad, pese a que el desequilibrio de género persiste, son ya muchas las mujeres que han logrado reconocimiento en la música clásica contemporánea.
El proyecto La Música de las Silenciadas es una iniciativa cultural que busca dar visibilidad a compositoras históricamente ignoradas y reflexionar sobre la igualdad de género en la música. A través de conciertos-conferencias, este proyecto rescata el legado de mujeres como Cécile Chaminade, Mel Bonis y Katherine Hoover, cuyas obras, de gran calidad, han permanecido en el olvido debido a prejuicios de género.
Esta iniciativa creada por Alté Duo y Álvaro Vega, se puso en marcha en colaboración con el Centro de Igualdad de Santander en febrero de 2024 con el objetivo de inspirar al público y promover un cambio en la percepción y valoración de las mujeres en el ámbito musical y cultural.
Y algunos datos destacados de las encuestas realizadas a los asistentes demuestran que se ha conseguido: Un 92,3% de los asistentes descubrió por primera vez la música y las historias de estas compositoras olvidadas, el 100% afirmó que esta iniciativa cambió mucho o en algo su percepción sobre el papel de la mujer en el arte contribuyendo a reivindicar su visibilidad y a un 88,5% el evento le inspiró a explorar más sobre la obra de mujeres compositoras y su contribución a la música.
En el Centro de Igualdad creemos que la cultura es un reflejo de la sociedad que queremos construir. Por eso, apoyamos proyectos que promueven la igualdad y visibilizan el talento femenino.
Reconocer y celebrar a las mujeres creadoras del pasado y del presente es una forma de construir un futuro donde el arte refleje verdaderamente la diversidad y el talento de todas las personas.
Pero promover la igualdad en la cultura no solo implica rescatar nombres del pasado, sino también garantizar que las mujeres en la actualidad tengan acceso a las mismas oportunidades que sus compañeros hombres. Esto incluye desde fomentar la participación femenina en orquestas, bandas o agrupaciones artísticas hasta visibilizar a mujeres creadoras en festivales, exposiciones y eventos culturales, pasando sin ninguna duda por incorporar la perspectiva de género en la educación musical y cultural.